6 abr 2015

¿Cómo se muere por crucifixión?

Hoy venimos con un tema muy apropiado después de estas fiestas y para tener un buen tema de conversación tras el hartón de procesiones y películas bíblicas. De pequeña, viendo esas imágenes de cristos crucificados, yo me preguntaba cómo se moría de esa manera, ¿por lo clavos?, ¿de hambre y sed?. Aquí va la explicación y un poco de historia sobre el tema.

La crucifixión es método de ejecución probablemente ideado en Asiria, ya que allí el fuego y la tierra eran sagrados y los reos castigados no merecían ni ser quemados ni recibir sepultura. Alejandro Magno importó este método a Macedonia y, más tarde, la crucifixión sería adoptada por el Imperio Romano, de quienes ha venido la mayoría de información que tenemos sobre el tema, hasta el año 377 d.C., cuando el cristianismo se introduce en Roma y su uso se convierte en residual, hasta ser abolida por Constantino, el primer emperador romano católico. Se trataba de la forma más humillante de ejecución, con el preso totalmente desnudo y expuesto a la población, reservada para esclavos, rebeldes y criminales odiados por el pueblo. También me gustaría destacar, a diferencia de los pueblos ya mencionados, que la ley judía prohibía la crucifixión.

Para entender cómo moría la gente en esta situación es necesario saber que había muchas variantes de la misma. Generalmente se ataba al reo a la cruz por los brazos; los famosos clavos se añadían para los castigos de máxima gravedad. Además los clavos se fijaban en las muñecas, entre el radio y el cúbito, y no en las manos, donde los tejidos se desgarrarían con demasiada facilidad, ya que solo son capaces de soportar unos 20 kg de peso. Además, clavándolos en el espacio radiocubital se daba la posibilidad de lesionar el nervio mediano (el que da problemas cuando se padece síndrome del túnel carpiano) con el consecuente dolor para el reo torturado.

Respecto a los clavos en los pies, estos ayudaban a mantener una posición estable en la cruz, y se colocaban de manera que las rodillas se pudieran flexionar y que el sujeto pudiera arquearse. Este último concepto es más importante de lo que podría parecer a priori; cuanto menos flexionado estaba el cuerpo y más altas estaban las manos respecto al torso, más rápido se moría. Es muy difícil respirar cuando se tienen los brazos extendidos por encima de la cabeza, ya que en esta posición los músculos intercostales y la caja torácica se encuentran en máxima expansión, por lo que es muy sencillo que entre aire, pero a la hora de exhalarlo, hay que contraer la caja torácica, mecanismo que para quien se encuentra crucificado solo se puede hacer con gran esfuerzo e intentando levantar el cuerpo con cada respiración. Si las rodillas estaban ligeramente flexionadas era más sencillo impulsar el cuerpo para poder dar la siguiente bocanada de aire. Por otro lado, el cansancio hacía que el condenado dejara caer el cuerpo como un peso muerto, motivo por el que era habitual que los hombros se dislocaran, promoviendo que el tórax aún colgara más respecto a los brazos e comprometiera más la respiración.

A todo el proceso anterior, obviamente hay que añadir la exposición a la intemperie, la deshidratación y las lesiones por torturas concomitantes (como los latigazos) que también ayudaban en el proceso.

En fin, después de este repaso a otro episodio del sadismo de la humanidad, quizás mejor nos quedamos con la cara más amable del tema, con La Vida de Brian.


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